El libro del Principito no
lo había leído antes y ahora que lo hice me llamó mucho la atención.
El escritor va narrando la
historia de un niño que reflexiona sobre
sus aventuras en el desierto y así fue cuando empezó a hacer dibujos de boas. El
primero fue una boa parecida a un sombrero
y decidió dibujar un elefante
dentro de una boa.
Nos pasó que cuando éramos
niños íbamos muy emocionados a enseñar nuestros dibujos a las personas mayores y
nos decían “mejor ponte a estudiar y
deja el dibujo, no naciste para dibujar”,
es lo malo de las personas mayores, pues no saben apreciar el dibujo, no
saben lo que queremos transmitir mediante el dibujo.
En el caso del aviador, las personas mayores le dijeron que se
pusiera a estudiar en lugar de dibujar y entonces eligió aprender a pilotear
aviones, y empezó a volverse una persona seria.
Cuando el piloto quedó
atrapado en el desierto del Sahara, tuvo que arreglar su avión solo, apenas
tenía agua para beber. En ese lugar conoció a un niño, era el Principito que quería que le pintara un
cordero, y como al piloto lo desanimaron cuando tenía seis años, ya no siguió
su carrera de pintor así que el piloto solo
sabía dibujar boas abiertas y cerradas. Entonces el piloto le dibujó una
caja y fue cuando quedó conforme el Principito.
El Principito dijo que venía
del asteroide B 61 y que en su planeta había unos arbustos terribles llamados baobabs,
los cuales podían perforar el planeta con sus raíces. Por la mañana tenía que
arrancar las semillas y era un trabajo muy fastidioso pero fácil.
También el Principito le
dijo al aviador que tenía en su planeta
un cordero y una rosa y le interrogó sobre si los corderos comían flores y
espinas. El piloto no le contestaba ya que estaba muy ocupado desatornillando
un perno que estaba pegado al motor de la avioneta averiada. Le preguntó para
qué servían las espinas, y el piloto dijo que para nada, el Principito lo volvió a interrumpir y el
aviador le respondió de mala manera y se
le quedó mirando con una cara muy triste y se puso a llorar, entonces el aviador lo abrazó y lo
meció para consolarlo.
El Principito estaba enamorado
de su rosa, la cual cuidaba y trataba con ternura, pero la dejó sola y eso lo
entristeció. La dejó porque él no estaba todavía listo para amarla.
A decir verdad no había
leído este libro y me encantó, es más cuando iba en la página tres me emocioné tanto que hasta se me
salieron las lágrimas.
Ahora entiendo muchas cosas,
por ejemplo que no le quite los sueños a un niño, al contrario que lo apoye en
todo. Además me identifiqué porque cuando yo era niña cuando mostraba mis dibujos
a mis tíos me decían que estaban feos y me hacían sentir mal. También me hizo reflexionar
sobre la vida, de que tengo que valorar y no dejar lo que más quiero, como
sucedió con la rosa..
El libro es entretenido,
divertido y me enseñó a valorar más la vida. Me encantó la forma cómo el
escritor relata la historia con ternura; cómo describe los paisajes, las frases que dicen
los personajes. El final me puso triste.
Finalmente, disfruté tanto
la lectura que la terminé en un par de horas. Incluso se lo recomendé a mis
hermanas y lo seguiré recomendando a otras personas. Gracias al Principito veo
la vida de otra forma, y veo que estoy viva
y que mi propósito es ‘’ser feliz’’ y hacer felices a mis seres queridos. Y
nunca lastimaré con mis palabras o mi indiferencia a un niño, al contrario lo
apoyaré y aunque no me guste su dibujo lo felicitaré por ello y jamás le cerraré
las puertas ni le coartaré las esperanzas a un pequeño.
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